ALEUY, EL COMPAÑERO TRAICIONADO

October 9, 2017

 

El ‘feriado legal’ sin fecha de expiración de Mahmud Aleuy como Subsecretario del Interior, fue, inevitablemente, la micro consecuencia del macro error de la Presidenta de favorecer a un grupo de subversivos mapuches autores de actos terroristas en La Araucanía.

 

Aleuy (58) ---con la chapa de Pancho en ‘la resistencia’--  era el responsable directo de la seguridad nacional en el Ministerio y, en ese rol, hizo visitas a la zona del conflicto y no ha habido otro funcionario de Gobierno que se haya entrevistado tantas veces, y con tantos sectores de la Región como él.

 

Él se encontraba en Buenos Aires  con su par Patricia Bullrich, investigando el tráfico ilegal de armas entre grupos mapuches argentinos y chilenos, cuando se informó que la Presidenta había resuelto borrar con el codo lo que él escribió con la mano.

 

En su calidad de Subsecretario del Interior estampó su firma en las querellas por delito terrorista  contra comuneros que quemaron templos y que incendiaron decenas de maquinarias y camiones.

 

Tres fueron los impactos que remecieron a Aleuy.

 

Primero, quedó en ridículo en el ámbito internacional, al ser menoscabado en las funciones que lo tenían investigando acciones terroristas que, en su ausencia y en forma inconsulta, la Presidenta las retrocedió a fojas ceros.

 

Perdió el tiempo en una diligencia que resultó ociosa, al decretar la Jefa de Estado la impunidad para actos tan demenciales.

 

Segundo, como encargado de seguridad nacional del ministerio, lo menos a que aspiró fue que se le consultara respecto a la conveniencia o inconveniencia de la decisión presidencial. A su regreso se le informó que “hubo contactos” con abogados de la Subsecretaría (?)…

 

Irritado, llegó a La Moneda con su renuncia escrita y ni siquiera participó en la reunión semanal sobre Seguridad que él, por rango, encabezaba. El ministro del Interior ingresó a su despacho para pedirle que no dimitiera, ante lo cual le respondió que eran múltiples los motivos para hacerlo. “Al no sancionar como autores de delito terrorista a esos grupos  ---le dijo— se hace extensivo ese beneficio a todo el país. ¿Qué pasa si ocurren acciones de esa índole en otros lugares, muy lejanos a La Araucanía?”.

 

Tercero, Aleuy se sintió traicionado por ser uno de los habitantes de palacio más cercanos a la Presidenta, y con Lya Uriarte formaban una collera perfecta por ser, ambos,  de la misma fracción del PS, la Nueva Izquierda.

 

Hábil negociador político, estrechó lazos con Bachelet en su primer Gobierno, como Subsecretario de Desarrollo Social y, luego, como presidente del directorio de La Nación.

 

Ahora, como Subsecretario de Interior y observador privilegiado de los nueve cambios de Gabinete, se hizo cargo de los desaguisados de Rodrigo Peñailillo y, más recientemente, llenó todos los espacios que deja   Mario Fernández.

 

Se ganó felicitaciones de la Mandataria por haber desactivado, él solito, el anunciado paro nacional de camioneros, precisamente por los incendios en La Araucanía y los robos y asaltos en la Quinta Región.

 

Como descendiente de migrantes árabes domina ese tema y se opuso con tenacidad a que se institucionalizara la Ley de Inmigración, postura que le costó la salida al Director de Extranjería.

 

Hosco de carácter y apegado a la jerarquización de la autoridad, llamó a dar un paso al costado “a todos los funcionarios que no están de acuerdo con alguna decisión del Gobierno”. Sin quererlo, trazó lo que, en breve,  terminó siendo su propio camino.

 

Fruto de su disciplina, logró superar su fracasado intento de ser Ingeniero Civil en la Universidad de Chile para obtener, luego, el título de Ingeniero Comercial en la UNIACC. Iniciado, como muchos, en la Izquierda Cristiana, se hizo militante del Partido Socialista.

 

Le tocó ser el rostro visible de todos los desastres naturales que han afectado al país en los últimos años, incluidos sismos, aluviones e incendios forestales.

 

Por la confiabilidad que se le transmitió, no se consideraba ‘un funcionario más’, sino uno “de confianza”, pero fue maltratado: pidió audiencia con la Presidenta a las 10:00 y ésta se la concedió recién a las 18:00, para ofrecerle una salida diplomática, la del ‘feriado legal’. En vano le explicó que una renuncia suya era escalar en la crisis, ya suficientemente encendida, y abrir otra grieta al interior del partido de ambos.

 

No entendió ni aceptó que la Presidenta lo haya ignorado en un trance tan increíble, como fue reponer la impunidad en La Araucanía justo en momentos en que se había logrado dar con la punta del iceberg en cuanto a terrorismo.

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