EL INSULTO EN LA ‘AGENDA’ DE CAMPAÑA

October 4, 2017

 

El creciente clima de confrontación a que condujo el Gobierno socialista por su objetivo de sustituir el modelo neoliberal por uno estatista y totalitario, hacía prever con mucha anticipación que la víspera de la elección presidencial estaría marcada por duros enfrentamientos.

 

Desde que la democracia se reinstauró en 1990, no se había observado un panorama de tanta virulencia, como el que impera por estos días. Se preveía una situación de esta naturaleza dada la gravitante presencia, tanto en el Gobierno como en la escena política del Partido Comunista: carente de razones legítimas para actuar en una democracia real, como ésta, impone su vieja ley del garrote, de la fuerza por sobre la razón, del ataque por encima del debate. La causa es una: se habituó a actuar en otro tipo de ‘democracia’, una peculiar definición para encubrir el totalitarismo.

 

Uno de sus exponentes más radicales, el candidato de Unión Patriótica (¿le recuerda al Frente Patriótico?), Eduardo Artes, aseguró que, simplemente, “en Chile no hay democracia”. Es partidario y admirador del régimen de Corea del Norte.

 

En ninguna de las elecciones anteriores, el PC tuvo la ocasión de ‘manejar’ una campaña, infiltrar otras, intervenirlas y orientarlas, como lo hace ahora con absoluta libertad.

 

Los brazos del PC son larguísimos y no sólo le alcanzan para mover los hilos de la campaña de su candidato oficial, Alejandro Guillier, sino, también,  estimula y activa a los movimientos y aliados de otras postulaciones.

 

La izquierda tiene matices, tonos bajos, medios y altos, pero con una brújula común que apunta hacia la eliminación del sistema neoliberal para reemplazarlo por uno en que ella lo controle y regule todo.

 

Cinco de los seis patrocinantes de los candidatos de izquierda que estarán en primera vuelta son escisiones menores o mayores del comunismo tradicional. Lo reveló la diputada Karol Cariola vocera y comisario del comando de Guillier: “a la larga o a la corta, somos los mismos y siempre llega el día en que estaremos de acuerdo”.

 

Para evitar confusiones, vale una aclaración: la DC, a través de su candidata, anunció el combate al sistema neoliberal y a la institucionalidad actual y firmó un pacto con dos movimientos de la extrema izquierda.

 

La izquierda, representada por este sexteto de socialistas  ---algunos más moderados que otros— enfrenta esta elección con una carga que le resta credibilidad: ¿qué le puede ofrecer a un país al cual todavía no termina de aniquilar?

 

Su intento de mensaje carece de crédito y, por lo mismo, no tiene repercusión. De esta impotencia surgió la generalización de la antigua táctica del PC que, para imponer lo propio, hay que destruir lo del otro.

 

Ejemplos abundan en la presente campaña electoral, desbordando la descalificación política para llevarla a ataques arteros y, peor aún, a agravios. Programas y propuestas realmente factibles, corren por cuenta de la centroderecha, en tanto ofertones populistas no financiables corren por cuenta de la izquierda, la cual les agrega una importante cuota de ofensas personales.

 

Lo de Enríquez  ---analizado en artículo aparte— superó todos los márgenes de sanidad mental y su último ‘proyecto’    fue acusar a Piñera de “ordenar a sus corruptos diputados” que atacasen a mi esposa...

 

Para mostrarse más afín con sus exaltados adherentes, Beatriz Sánchez (Frente Amplio) desistió de asistir a un foro “porque uno de sus panelistas fue ministro de la dictadura”. Apeló a sus virtudes éticas, olvidando que es esposa de un jefe periodístico de un “diario imperialista”, que laboró para el canal en el cual ese “jerarca pinochetista” era su director y que hasta hace poco lo hizo en una radio propiedad de un dirigente del fútbol que estuvo preso por desfalco.

 

Carolina Goic, ya subidas al carro de la izquierda para segunda vuelta, se aferra a un discurso alusivo a Piñera de que “la ética está por encima de la ley”, olvidando que comparte y se toma fotos con  camaradas imputados por corrupción.

 

La vocera de Guillier, la comunista Karol Cariola, declaró a todos los medios que “a la gente hay que informarle que Piñera es una persona deshonesta”. Una injuria que bien pudo costarle una querella.

 

El candidato de la Unión Patriótica, profesor de Estado, se negó a dar la mano a José Antonio Kast “por fascista”, poniendo en entredicho el tipo de educación que les presentó a sus otrora alumnos. Al participar en el debate de la ANP en el Congreso Nacional, insultó gratuitamente a los muchos o pocos parlamentarios honestos, al decir que “estos muros huelen a corrupción”.

 

Si hay algo que desapareció, al parecer para siempre, de la vida política chilena es la tradición republicana, ésa que puso al país como ejemplo durante siglos por su capacidad para debatir hasta con rudeza, pero siempre con respeto, sin caer en la grosería y la ofensa, hoy panes de cada día en esta ordinaria campaña electoral, marcada por la desesperación de la izquierda.

 

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