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UN PANZER EXTRAVIADO EN EL DESIERTO

August 31, 2017

 

 

Tenía admiradores José Miguel Insulza. Pero ya no.

 

Conocido cariñosamente como panzer dado su tonelaje físico y político, este abogado de profesión se hizo hasta familiar ante la opinión pública como el gran partner del (ex) Presidente Ricardo Lagos.

 

Lograron una afinidad notable, uno como Mandatario y el otro como su ministro del Interior, al punto que nadie dudaba de que iba a ser su sucesor natural  en La Moneda…, hasta que doña Michelle se subió arriba de una tanqueta para recorrer poblaciones anegadas. En ese momento cambió su destino y el de ella.

 

Dueño de un genio muy ligero,  estuvo a punto de golpear a Enrique Campos Menéndez en el programa ‘A esta Hora se Improvisa’ en los violentos días de la Unidad Popular. Era, por esos tiempos, un mapucista de combate.

 

Aprendió a controlar su temperamento: fue canciller y Secretario General de la OEA, cargo en el cual se desgastó por la campaña sin piedad en su contra iniciada por Hugo Chávez.

 

Transversalmente definido como ‘animal político’, Insulza se caracterizó por su ‘muñeca’ para manejar hasta las más complejas situaciones. Regresó a Chile  ---¡qué duda cabe!--   para materializar su sueño incumplido de ser Presidente, pero su propio partido le mató su ilusión al sepultar toda posibilidad de realizar primaria y designar a dedo a Alejandro Guillier como candidato.

 

Conocido --hasta la fecha-- como de una sola palabra, Insulza criticó duramente a su partido y específicamente a su presidente, Álvaro Elizalde. Convencido de que, por su nombre y trayectoria, podía ayuda al partido en el trance que está viviendo por su fea jugada en contra de Ricardo Lagos, se le ofreció ser candidato a senador por Aysén. Rechazó la oferta.

 

Puso sus ojos en Atacama, para ocupar la vacante de Isabel Allende, quien, ante el fundado temor a una derrota, se ‘fugó’ a Valparaíso.

 

Desde abril comenzó a viajar a la zona, se reunió innumerables veces con las bases socialistas, visitó todas las comunas de la Región y logró revertir la grave división originada en el socialismo atacameño por Allende.

 

Todo parecía ir bien hasta que el PC presionó al PS para que sacara de allí la postulación de Insulza, porque el oficialismo debía asegurar la elección del camarada Lautaro Carmona, mano derecha de Guillermo Teillier.

 

La directiva del PS le ofreció Arica/Parinacota, pero Insulza la desechó, en tanto la militancia de Atacama notificó a su presidente que al sacar la candidatura del ex canciller,  no votaría por Carmona.

 

Ante el riesgo de perder su mejor carta al Senado, el PC propuso al PS excluir de Arica la candidatura de su camarada --ex pareja de juventud de Insulza--, Carmen Hertz, una incansable cazadora de militares para encausarlos.

 

Se sello la moneda de cambio: la DC, el PC y el PR apoyan a Insulza en Arica, para garantizarle una victoria, en tanto los socialistas empujan la postulación de Yasna Provoste (DC) en Atacama.

 

Insulza, con anticipación, había afirmado que como era imposible competir en Atacama, por el blindaje a Carmona, y no le interesaba Arica, no sería candidato. De pasó, anunció que “habrá que responsabilizar a la directiva de Elizalde del mal resultado electoral”.

 

Apenas horas después de dichas declaraciones, aceptó finalmente postular en Arica, ello con la indignación del PPD que ve seriamente amagada la postulación del independiente Salvador Urrutia, apoyado por su partido.

 

En una aseveración que desmoronó toda su firmeza de principios, Insulza comentó que “no seré un candidato protegido” y que “fue el apoyo de la DC lo que me convenció”.

 

Los cambalaches y los trueques de apoyos a que dieron lugar su candidatura, reflejan a las claras que aceptó lo que originalmente rehusó sólo por la garantía de respaldo, y, segundo, lo más contradictorio para las bases socialistas es su gratitud a la democracia cristiana, la que se apartó de la Nueva Mayoría precisamente por su ruptura con su antiguo aliado, el PS.

 

Así como los atacameños quedaron desilusionados y en rebeldía por lo ocurrido, los ariqueños no lo están menos, dado que, por su condición histórica y geopolítica, han acuñado un sentimiento localista muy acendrado y no vacilaron en demostrar su desagrado por la llegada de un afuerino. Incluso, su llegada a la capital regional tuvo una recepción hostil.

 

De un tipo carismático e incluso admirado por su fortaleza de conceptos, José Miguel Insulza pasó al eje del juicio público,  fruto de un interés más personal que político, y aceptó rebajarse a ser moneda de cambio y poner en riesgo todo su capital ganado en años.

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