Til Til: COMPASIÓN NO, COMPENSACIÓN SÍ

Compadecerse de la desgracia ajena no es lo mismo que ponerse en el lugar de quienes la sufren. El compadecer es una acción del alma, en tanto vivir en carne propia una realidad estremece la existencia en su conjunto, psíquica y físicamente.

Es lo que ocurre con los habitantes de Til Til y del entorno de esa comuna ante el acuerdo del Comité de Ministros (5) de agregar a su territorio un vertedero industrial con desechos provenientes de las zonas centro y sur.

El lugar y sus alrededores, como Rungue y Montenegro, desde hace tiempo son depósitos de desperdicios, de relaves y de otras diversas fuentes de males olores y contaminación ambiental.

Con mucha y justa razón, los habitantes de Til Til, encabezados por su alcalde, protestan y se oponen a la llegada de un nuevo vertedero, pero sus protestas son vanas y estériles.

Resulta que el plano regulador de la Región Metropolitana establece sólo a esa zona, y exclusivamente a ésa, como la única posible de recibir desechos y acopiar basura.

Lo consigna un reglamento técnico y no es producto de un capricho ni de la mala voluntad de alguna autoridad. Frente a ello, el eco de los desesperados clamores de los vecinos se perderá en el aire y sólo les queda escuchar la compasión de los demás por vivir una realidad que es irreversible.

No es posible, para pesar de Til Till y sus habitantess, revertir tan precario estilo de vida, porque no hay más cartas que jugar. Sin embargo, si no es plausible mitigar una existencia tan poco decorosa, si lo es que las autoridades nacionales y/o sectoriales establezcan planes de compensaciones.

Es arrogante y abusivo recargar de mugre y obligar a respirar aire maloliente a una comuna por el sólo hecho de que no existen normas que lo impidan. Si, en rigor, no hay alternativas, existen las opciones de compensar a los perjudicados vecinos.

La primera de ellas es modificar las exigencias en los contratos con las concesionarias con la finalidad de que, en el futuro, antes de otorgar las licencias se condicionen acciones de mitigación y compensaciones de parte de las empresas privadas a cargo.

No es complejo obligarlas, por ejemplo, a limpiar de inmediato los líquidos percolados que derraman los transportes de residuos y que originan la permanencia de los malos olores en el ambiente. Hoy, ello no ocurre.

Las autoridades nacionales tienen la opción de elaborar un paquete de medidas compensatorias para los habitantes de estas zonas. Un ejemplo es atomizar o eliminar el pago de contribuciones de viviendas que carecen de valor comercial ---para una eventual venta y/o arriendo--, además de lograr una rebaja en las cuentas de sus servicios básicos para hacer más llevadera su adversa vida.

El problema de la basura no tiene sólo dos puntas, como se aborda. No forman parte del problema los eliminadores de desperdicio y los receptores de ellos, normado todo el proceso por un Plan Regulador rígido, que no permite cambios ni modificaciones. De partida, no hay comuna alguna que ofrezca sus territorios para un relleno sanitario.

Existen alternativas de compensaciones, y ponerlas en práctica atendería una emergencia que los habitantes la viven las 24 horas del día.

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