GOIC: UN PLUS INSUFICIENTE

August 9, 2017

El desenlace en la DC de evitar su  ingobernabilidad y quedar a la deriva,  no tiene muchas lecturas ni interpretaciones. De la crisis vivida durante   cuatro agitados días se puede rescatar que fue un triunfo de Carolina Goic, pero no del partido en su conjunto.

 

De haberse materializado la renuncia a la presidencia y a la candidatura presidencial de Goic, hoy la DC sería un partido definitivamente fraccionado, colmado de desafecciones y sus restos, atomizados, acogidos por misericordia por la Nueva Mayoría.

 

La decisión de la senadora de permanecer en la conducción partidaria --pese a las recomendaciones de su comando que la dejase-- y de seguir con su campaña electoral, salvó el inédito trance de extinción que enfrentó la DC.

 

Si su determinación fue un heroísmo o una inmolación se sabrá dentro de poco, pero, de momento, la conclusión es que, de la noche a la mañana, para la ciudadanía, Goic pasó de ser una ‘doña nadie’ a un mujer corajuda y realmente con liderazgo.

 

Ella, generosamente, atribuyó su decisión al respaldo de la bancada de diputados y de los alcaldes decé. Fue más espontáneo y creíble el gesto de los jefes comunales que el de los parlamentarios, y ello se reflejó en la intrincada redacción de la carta en que pusieron sus candidaturas a disposición, a la negativa de algunos a firmarla y al hecho de que varios lo hicieron a regañadientes.

 

Goic utilizó la facultad que le dio la Junta Nacional para “confirmar y/o impugnar” nombres de postulantes al Congreso propuestos por las directivas regionales. Borró de inmediato a Ricardo Rincón y convocó a un grupo de juristas, encabezados por Patricio Zapata, ‘el observador’ del fracasado proceso constituyente de Bachelet.

 

La presencia de este grupo al lado de la directiva es desmenuzar todos los antecedentes jurídicos de los candidatos de la DC para eliminar a aquéllos en riesgo de sanciones penales o que presenten faltas a la ética.

 

Tras el fuerte remezón institucional, Goic salió convertida en un paladín de la ética política, el factor más cuestionado a la clase por ala ciudadanía. Reforzó su autoridad en la mesa directiva y por la potente exposición de su nombre en los medios de comunicaciones, hoy es más conocida que hace quince días.

 

Todo esto engloba un plus para ella, pero no parece suficiente.

 

Antes de sacar cuentas alegres, hay que consignar que gran parte de la Junta --o sea, las bases de la colectividad--, utilizó la postulación de Rincón como un ‘gallito’ en contra de Goic para forzarla a dar un paso al costado y materializar, así, su anhelo de una lista presidencial única en torno a Alejandro Guillier.

 

Aunque, tras lo sucedido, algunos parlamentarios ‘cantinfleen’ supuestas declaraciones ‘de apoyo’, lo real es que varios de ellos no están a su lado: el senador Pizarro y los diputados Silber, León, Cornejo, Torres y Provoste  ---por mencionar sólo a algunos— siguen prefiriendo una candidatura única, pero no en torno a ella, ni menos la de ella por su cuenta.

 

Goic se enfrentó a este grupo y al sector disidente, y con su determinación de tachar a Rincón --el instrumento para derrocarla--, acentuó  aún más los ánimos en su contra, ya alterados por el calificativo de “pestilentes” que su marido les dio en una carta pública.

 

Este plus por su liderazgo y valentía puede que no le alcance para levantar  su alicaída candidatura presidencial, ello porque sigue teniendo en su contra a quienes hacen los trabajos de campaña en terreno.

 

Cualquier análisis, por superficial que sea, hace inexplicable que el partido oficialista con más parlamentarios, alcaldes y concejales tenga a una candidata presidencial que casi no marca en las encuestas por “ser desconocida”, confesión de su propio comando.

 

Los candidatos se dan a conocer en terreno, en los puerta a puerta, en reuniones vecinales, comunales y comunales y, fundamentalmente, a través de las palabras y acciones de los dirigente del partido en sus respectivos territorios.

 

En el caso de Goic ha pasado que la amplia sensibilidad socialista del partido no la quiere, porque la considera un obstáculo para que la Nueva Mayoría conserve el poder y, con éste, la chorrera de cargos públicos que amistades y parientes se reparten.

 

La actitud de Goic de seguir adelante fue de una utilidad inmediata para no dejar al partido botado y náufrago, con un riesgo inminente de dispersión. Pero no es posible garantizar que vaya a cambiar radicalmente su marcha en la campaña presidencial, dado que la oposición interna, tan silenciosa como cínica, está vigente y sin ninguna disposición a trabajar por ella.

 

 

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