¡VOLVAMOS A CREER! UNIDOS SOMOS MÁS…

 

Por Raúl Pizarro R., VOXPRESS.CL

 

Arenga o petición de socorro, sea cual fuese, así culminó el candidato de la izquierda de la Nueva Mayoría (NM) la cumbianchera  Fiesta de la Ciudadanía en el teatro Caupolicán, la que él mismo cerró con una maratónica lectura de sus promesas de campaña.

 

No es menor el tono de tales expresiones casi vociferadas por Alejandro Guillier en un gesto de desesperación. El “volvamos a creer’ es, primero, un reconocimiento a que en su entorno y en la Nueva Mayoría hay quienes no creen en él ni en su proyecto y, segundo, es un llamado a recuperar la confianza y hasta el ánimo  en cuanto a que puede derrotar a Piñera en segunda vuelta y, tal como lo dijo, “en una de ésas, hasta en la primera”…

 

Un letrero ubicado en el atril donde depositó la carpeta con su discurso, vistosamente decía ‘La hora de Confiar’, otra evidencia categórica de que en torno a él había, y hay, desconfianza.

 

Su angustiada convocatoria a la unidad no fue más que la renovada esperanza de que la DC retorne a la coalición: “juntos ¡somos mayoría!” proclamó casi a gritos.

 

Este cierre de fiesta en el Caupolicán no fue espontáneo, sino consecuencia de la resurrección de Guillier tras la encuesta del CEP. Hasta antes de que se conocieran sus resultados, se manejó, y muy seriamente, la bajada de su candidatura por su incapacidad de prender en la ciudadanía.

 

La investigación del CEP determinó que Guillier es el único competitivo tanto en primera como en segunda vuelta contra Piñera- Con ello,   se desplomó el temor por una irrupción de Beatriz Sánchez, a quien en la propia NM se le vaticinaba que podía ser ella quien accediese a la segunda vuelta.

 

El desenlace de la quizás única encuesta prestigiosa y seria de todas las que se hacen en el país fue un bálsamo para él y para la NM. La  reacción a tan buena noticia fue instantánea: apareció el tantas veces postergado equipo de campaña y se fraguó el ‘caupolicanazo’ para –al fin– difundir el programa de Gobierno que por meses se mantuvo en las sombras.

 

Pero tanta felicidad puede que no perdure: el candidato dejó muy en claro que continuará la ‘obra’ de Bachelet, que profundizará las reformas y que en esta materia “no habrá un metro atrás”, parodiando el clásico estribillo comunista de “avanzar sin transar”.

En la larga enumeración de propuestas “en beneficio de todos los chilenos”, se refleja nítidamente el paquete de promesas que Bachelet no alcanzó o no pudo  cumplir y prometió terminar con el “modelo rentista” para privilegiar el rol del Estado, el cual –según su oferta–   será recargado pese a que, de ser electo Presidente, heredará una caja fiscal semivacía.

 

La misma investigación del CEP concluyó que en segunda vuelta, el Frente Amplio podría aportarle un 40% de sus votos, pero tras sus anuncios, hasta ello está en suspenso,  al cerrar la puerta a dos radicales cambios de la izquierda ultra, o sea, el Frente: no apoyará el ‘aborto por deporte’  –sólo las tres causales hoy en discusión— y tampoco habrá ‘perdonazo’ pára los deudores del CAE.

 

No fue el mejor ‘ofertón’ político  proclamar un continuismo de un Gobierno cuya Presidenta ha tenido sistemáticamente un rechazo de entre un 60% y un 70%. Perdió la oportunidad de, al menos, anunciar algunas correcciones y deslizar falencias que serán enmendadas; pero no, optó por proclamar un vínculo indisoluble con Bachelet, profundizando en su política de cambios, como si éstos hubiesen sido ovacionados por la población.

 

Con esta orientación programática, su llamado de “volvamos a creer” va a quedar en el aire, porque los desencantados no querían, ni quieren, escuchar el mismo discurso que les llenó sus oídos durante cuatro años.

 

En su torcida oratoria reclamó el reconocimiento a que “fuimos quienes le dimos gobernabilidad al país”, lo que podría aceptarse en cuanto a los tres primeros Gobiernos consecutivos de la ex Concertación, pero de ninguna manera, alguien puede aceptar de buenas a primera que esta  Nueva Mayoría también lo hizo: este Ejecutivo jamás ha superado un 15% de aprobación.

 

Respecto a su llamado a la unidad  —-“juntos somos mayoría”—, la composición política que le permitieron, primero a la Concertación y, luego, a la Nueva Maypría ser precisamente mayoría, no es la misma de 1990 y ni siquiera la del 2013. Ahora, la izquierda ultra no es sumable  fría y estadísticamente y el mundo DC no garantiza sus votos en una segunda vuelta, menos siendo eje de la campaña el Partido Comunista.

 

Llamó poderosamente la atención que el candidato hiciese un dramático llamado a “compañeros y camaradas” a completar las 33 mil firmas que necesita para presentarse. Su continuismo y dependencia de los mismos partidos que han encrispado a la población son los que mantienen lejos, muy lejos, suyo a los independientes respecto a quienes partió diciendo que representaba.

 

En definitiva, la Fiesta de la Ciudadanía con cumbias a todo dar no pasará de ser un momentáneo desahogo a tantos meses de aprensiones, temores e incertidumbre acerca de si su candidato era efectivamente el más apropiado.

 

 

 

 

 

 

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