SOBRAN “ROSTROS”

Por Imelda Rabbia, licenciada

en Comunicación Audiovisual.

 

Cada vez que la programación internacional del fútbol ofrece algún espectáculo atractivo, los canales se pelean los derechos de transmisión y, en rigor, parecen volverse locos por asegurarse las audiencias.

Sin que nadie les haya atribuido tan peculiar derecho, los tres grandes  —TVN, Mega y C13— se arrogan ser los “canales de la Roja”, y eso ocurre desde las clasificaciones para los Mundiales de 2010 y 2014, pasando por  las dos últimas Copas América y hasta  la reciente Copa Confederaciones.

Como los partidos de la Selección dan réditos sustantivos en un período de vacas flacas, la batalla la dan en grande. Conscientes los ejecutivos de la TV que el equipo nacional es un tremendo foco de atracción popular, estructuran todas sus estrategias de marketing bajo ese concepto.

La Selección permite el florecimiento de una multitudinaria masa, amorfa e indefinible, pero que enciende millones de aparatos y ofrece diversos estereotipos de poder adquisitivo a los auspiciadores.

Basándose en ello, sólo en ello y sin reflexionar sobre la calidad, los canales refuerzan sus contingentes de relatores y comentaristas, los que, a su juicio, deben responder, también, a una popularidad para que puedan ser seguidos por los teleespectadores.

En la –pasada de moda– jerga televisiva se les define como ‘rostros’, esto es, profesionales que tengan una probada aprobación de la gente.

Las elecciones de estas personas para asignarlas a las campañas de la Selección y a los campeonatos de interés general, se hacen sin mediciones ni focos group, y menos gracias a estudios que permitan indagar en el corazón de las audiencias. Son los ejecutivos de los canales los que “creen” que fulano o sutano tienen  arrastre o, más preocupante, llegan a ellos por algún tipo de influencia interna de la estación.

No basta con un solo ‘rostro’, sino con varios en forma simultánea, cuyo ego y vanidad los lleva a enfrentarse sin pudor frente a las cámaras. O se auto elogian con una hipocresía indisimulada.

El balance de la última Copa Confederaciones fue demoledor para MEGA, el cual contrató sin control ‘rostros’ del comentario deportivo para este efecto y para la Copa del Mundo en Rusia el 2018, aunque no está aún garantizada la presencia allí de nuestra Selección. Fue demoledor, decimos, porque el rafting le perteneció, cada vez que jugó Chile, a C13, el cual no hizo inversión adicional en material humano para deportes, y se lo debe única y exclusivamente al arrastre personal alcanzados por un modesto relator llamado Claudio Palma, formado al alero de Eduardo Bonvallet.

Palma es más barato que la mayoría de los ‘rostros’ que se codean para lograr una mayor resonancia y figuración frente a las cámaras.

Lo que tienen que meditar los gerentes financieros y comerciales de los canales es que la Selección no está todos los domingos y ni siquiera todos los meses en pantalla como para obtener ingresos suculentos a costa de ella. Aún más, resultan catastróficas,  por su nulo interés masivo, las transmisiones de partidos locales y, peor, amistosos comentados por estos carísimos ‘rostros’. Esto demuestra que no son ellos sino el equipo nacional el que atrae y vende.

En este período de vacas flacas que afecta a todos los canales no es descartable que se venga una reconsideración de las inversiones en las áreas deportivas, porque,  decididamente, los ‘rostros’ no tienen incidencia en la sintonía.

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