SERVEL: AL SERVICIO DE SUS ERRORES

Por Enrique Rivera V,. VOXPRESS.CL

Un mes antes de las elecciones municipales del 2016  —octubre—, una ciudadana y profesional peruana casada con chileno, ingresó al sitio web del SERVEL para consultar acaso por su residencia de más de cinco años en el país podía o no participar con su voto en dichos comicios.

Una respuesta, automática desde luego, le informó que su consulta fue remitida al ‘departamento correspondiente’ el que ‘a la mayor brevedad posible’ iba a responderle.

La respuesta efectivamente la recibió…¡pero en abril de 2017!

Traemos a colación este ejemplo para poner en duda la postura oficial del SERVEL sobre las innumerables denuncias de fraude por las inscripciones de supuestos ‘militantes’, o sea, independientes que no pudieron votar en las recientes primarias de Chile Vamos y Frente Amplio.

El SERVEL respondió, como siempre, que investigará las denuncias, indagaciones que nunca llegan a buen puerto, porque, a juicio de su director Raúl García, el “problema es que nos falta modernización y personal para fiscalizar mejor”.

Esta última falla en sus controles y funcionamiento es una de las tantas que se agrega a una larga lista de errores. Este servicio tiene a su cargo los procesos que deben ser los más limpios y transparente en las democracias: las elecciones.

El SERVEL opera con personas designadas por el Gobierno, en este caso de la Nueva Mayoría, y el presidente de su Consejo Directivo es un antiguo militante de la DC, Patricio Santa María.

En las recientes primarias fue responsable directo de dos severos cuestionamientos. El primero de ellos fue la nula difusión a los votantes de un sector oriente de la capital que se les agregaría una papeleta para las primarias parlamentarias del Frente Amplio. El desconcierto de los sufragantes independientes fue total, precisamente por falta de información, y fue la buena voluntad de los vocales, que se tomaron el tiempo de preguntar a cada uno si la quería o no, la que pudo salvar la inédita situación.

La ley es perentoria: deben coincidir los números de votantes con las papeletas depositadas en la urna, lo que no se cumplió.

El segundo gran cuestionamiento al SERVEL es por la imposibilidad de independientes de hacer uso del voto correspondiente, porque en los padrones aparecían como ‘militantes’, no siéndolo.

Muchos de éstos concurrieron a las mesas a votar en su calidad de independientes y al momento de hacerlo, los vocales les informaron que tenían que hacerlo como militantes, porque así aparecían en el padrón. Sus explicaciones de que jamás habían firmado algún tipo de afiliación, de nada sirvió.

Todos, o casi todos, los que experimentaron tan chocante sorpresa revelaron que “alguna vez” firmaron adhesiones en la calle a favor de la no cacería de ballenas, la no construcción de represas y/o de plantas energéticas convencionales, y algunos, incluso, a favor del bienestar animal.

Los movimientos políticos encargados de engatusarlos pertenecen a partidos de izquierda, los cuales utilizaron esas listas de nombres en las nóminas que hicieron llegar al SERVEL como “nuevos afiliados”. Ello fue posible por la total ausencia de fiscalización por parte del servicio.

Hay que recordar que al concluir el tiempo de recoger firmas para poder ser legalmente un partido, el PC se jactó de ser el con más militantes en Chile. De éstos ¿cuántos fueron incorporados mañosamente a su base de datos?

Raúl García, el director del SERVEL, invitó a estos engañados a concurrir a sus oficinas para borrarse de los registros del partido infractor.  Pero así no se arregla ni se soluciona el ilícito. Lo ocurrido es gravísimo porque compromete dineros públicos, ya que los partidos reciben aportes fiscales en proporción al número de militantes.

Lo acontecido  involucra un delito, un fraude y un atentado a la fe pública, causas que ameritan mucho más que las ‘investigaciones’ anunciadas por el organismo.

Si quiere lavar de una vez su desteñida imagen pública, el SERVEL tendría que encabezar una cruzada judicial para querellarse criminalmente contra los autores de una maula que, en definitiva, desacreditan la democracia, el sistema electoral y al país.

Se trata del mismo organismo que previo a las elecciones municipales del 2016 cambió de direcciones y hasta de comunas a millares de votantes sin información alguna; es el mismo que desautorizó a su subdirectora que había dejado sin primarias comunales del PS por presentar documentos fuera de plazo; se trata de la misma entidad y personas que a los movimientos emergentes les exigieron inscripciones de militantes con testigos de fe, mientras a los partidos tradicionales les permitieron hacerlo vía Internet, y es el mismo que rechazó la inscripción de ciudadanos y, después, el TRICEL le impugnó  su decisión, dejándolo en vergüenza.

En ese afán tan chileno de ‘sacarse los pillos’, el director del organismo denunció que, además de la falta de personal, el servicio se enfrenta a problemas cotidianos por culpa de los legisladores que hicieron la ley. Justificó, así, que el refichaje de militantes fuera lento y escaso porque la norma exige que tal procedimiento sea ante un ministro de fe (notario) que certifique la validez de nombres y firmas; en cambio, para nuevos militantes se apela sólo a la ‘buena fe’, esto es, el servicio tiene que confiar en que los ‘datos adjuntos’ son reales.

Si los legisladores, por ignorancia, mala fe o intereses partidistas, la redactaron así, el SERVEL debió ser el primero en denunciar ante la opinión pública el riesgo de fraude. Que la ‘buena fe’ prevalezca por estos días en Chile es más que una utopía: un infantilismo.

El SERVEL es el principal involucrado en estos  capítulos de errores que ha acumulado durante este Gobierno y, por lo mismo, tiene que asumir la responsabilidad total por su nula transparencia.

No hay que omitir que hasta la fecha ha guardado un cómplice silencio ante la denuncia oficial recibida de parte de la oposición por la venta simulada de los bienes inmuebles del PC, lo que implica  una transgresión a la ley de financiamiento de partidos.

El Gobierno, y por derivación el SERVEL, no hicieron difusión alguna de las primarias presidenciales porque en ellas no participaron los partidos oficialistas de la Nueva Mayoría. Esta arbitrariedad, que robustece la mala imagen de la entidad, contribuye aún más a la desconfianza que progresivamente se ha ganado de parte de la ciudadanía.

Parece, entonces, haber llegado la hora de que ‘los tiempos mejores’ que están por venir, concreten el antiguo y explicable anhelo de transformar al SERVEL en un organismo autónomo, como el Banco Central, y no que continúe siendo una fuente de empleo bien remunerado, tesoro del cuoteo político.

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