LA IZQUIERDA DE CAVIAR

Por VOXPRESS.CL

En una instancia tan controvertida e incoherente como la vivida por el Partido Socialista por su escandaloso conflicto de intereses, el ex ministro y ex Secretario General de la OEA, el militante José Miguel Insulza, se despachó un comentario aclaratorio que explica la naturalidad con que la dirigencia asumió  tan censurable fondo de inversiones.

Insulza, de quien nadie puede negar que se trata  de un ‘rostro’ importante del socialismo criollo, respaldó todo lo obrado por el PS a través de su Comité Patrimonial Autónomo. Acerca  de invertir en empresas que representan lo que reniega ideológicamente, preguntó: “¿y qué quieren, que para manejar un partido político hay que ser pobre?”.

La suya es una oportuna aclaración para entender porqué los socialistas chilenos  —y nos imaginamos que del mundo— no censuran que obtener rentas en el libre mercado de capitales es lícito e incluso en empresas que, por principios, combaten —como las privatizadas— y en un par de otras, propiedad de un ex yerno del dictador al que odian.

Ese tipo de operaciones las asumen como “normales” quienes están en las cúpulas de la izquierda en general. Son fieles a un modelo económico que los cautiva tanto como a sus adversarios ideológicos.

Uno de los miembros de uno de los  Comité Patrimonial Autónomo del PS, y militante desde luego, afirmó que “hicimos muy bien lo que se nos pidió: obtener la mayor  rentabilidad al dinero invertido”. El autor de esta declaración es Óscar Guillermo Garretón, empresario, director de empresas y con una segunda vivienda en el balneario de Zapallar, quien fuera uno de quienes intentó sublevar a la Armada antes del 11 de septiembre de 1073 y, por ello, buscado para ser juzgado y, probablemente, eliminado.

El doble estándar en esta y otras materias de la izquierda no es nuevo ni puede mover a extrañeza. El PC, para adecuarse a la nueva ley de financiamiento político, vendió sus propiedades por un valor de $ 3 mil millones, las que fueron ‘compradas’ por un solo militante, quien pronto pidió prórroga de pago por falta de fondos para responder al compromiso.

‘Palo blanco’ o especulador inmobiliario, lo cierto que dicho camarada y su partido se ciñeron a las reglas impuestas por el libre mercado capitalista, un modelo que infructuosamente el PC intentó  sepultar en el fallido programa de gobierno de Bachelet.

Queda categóricamente demostrado que no se requiere ser pobre para ser de izquierda ni menos es un delito hacer crecer el dinero. Tampoco es una inconsecuencia ser rico y militar en un partido de izquierda, ello por la comodidad que implica.

Sebastián Piñera es millonario, pero como no es de izquierda, se le maldice y se le persigue.

Uno de los candidatos de la Nueva Mayoría declaró un patrimonio superior a $ 500 millones, pero nadie de su sector, ni el más empobrecido adherente a este Gobierno, abrió la boca para criticarlo.

Una de las historias más comunes que se cuentan de Salvador Allende era su gusto por usar polainas, al estilo de la realeza, y que cada vez que volvía de manifestaciones populares, lo primero que hacía era correr presuroso a un lavamanos.

Un chiste que el cura Felipe Berríos solía hacer en sus homilías era que Jesús en su “dejad que los niños vengan a mí” lo hacía desde un bote en medio de un lago. Parodiando al sacerdote, puede concluirse que el izquierdista rico en abundancia también llama a los pobres, pero desde una oficina de lujo, una casa alhajada o un auto última generación.

Este tipo de estatus ha regido siempre en el mundo de la izquierda y, casi como molde, en los regímenes comunistas: de un lado las cúpulas con vidas confortables y sin restricciones, y del otro, el pueblo requirente, sacrificado y trabajador.

A nadie se le pasó por la mente haberle sugerido al PS que pusiese su capital en el SENAME, en hospitales públicos o en hogares de huérfanos. Pero su militancia de base, aquélla perseguida y con víctimas, no tiene explicación para la inversión en SQM y Pampa Calichera, empresas del un ex yerno de Pinochet.

No entienden tampoco que se haya buscado utilidades en empresas que su Gobierno y eventualmente sus ministros debían controlar, regular y fiscalizar.

Al invertir en ambos tipos de instituciones lo que, en realidad, el partido estaba buscando, era una vuelta de mano empresarial para sus campañas.

Aunque Insulza, para mayor credibilidad de todos, diga que “todas las inversiones quedaron en actas en un congreso del partido”, el objetivo final de recibir los tristemente célebres “aportes reservados”, no quedó consignado en ninguna parte ni menos le fue contado a los militantes, a ésos que se ganan la vida con el sueldo mínimo.

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