LA INTOLERANCIA DE LOS TOLERADOS

Por VOXPRESS.CL

Como parte de una gira internacional, estuvo en un par de ciudades de nuestro país, recorriendo varias comunas, un bus de color naranja perteneciente a una ONG española que está en contra de la identidad de género.

Se trata de un organismo que agrupa a las personas que se oponen al matrimonio entre individuos del mismo sexo y rechazan que, tras ello, adopten hijos.

Hoy, la ofensiva del movimiento gay mundial es muy potente en este sentido, y ya hay varios países que, por ley, aceptaron el matrimonio homosexual, no sin antes provocar una división salpicada de enfrentamientos y conflictos. La misma líder alemana Ángela Merkel votó en contra de que en su país se legalizara.

A la máxima autoridad alemana y, hoy, la gran caudilla de Europa, no le importó arriesgar su capital político a cambio de dejar su impronta de su sentimiento como mujer y madre.

La presencia en Chile de este bus llamado de la ‘libertad’ originó el despertar más violento que se recuerde de parte de  la comunidad gay de sus seguidores. Originaron una batahola sin precedentes en todos los sitios en que estuvo, fue apedreado e impedido de acercarse a La Moneda, donde sus patrocinadores dejarían una carta.

Ocurre que en Chile, las organizaciones y movimientos homosexuales están realizando fuertes presiones para que la Presidenta cumpla una de sus promesas de consolidar la identidad de género, también llamada ideología de género, que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. La idea se ha estrellado con la oposición de una mayoría transversal de parlamentarios oficialistas y opositores, lo que ha impulsado a los organismos gay a reforzar sus incesantes campañas.

Hasta la primera mitad del siglo XX (1950), quienes tenían ‘la desgracia’ de nacer con desviaciones sexuales sufrían la más brutal discriminación de parte de sus respectivas familias: eran escondidos, se les confinaba lejos de las ciudades, se les enviaba a instituciones de raigambre conservador para disimular o maquillar su condición y hasta hubo un Presidente que instaló una política de exterminio de ellos, lanzándolos al mar.

Entrada la segunda mitad de ese siglo y con más fuerza en este siglo XXI, por los cambios sociales de la población y por el progresivo empoderamiento de la gente en general, se produjo lo que se conoció como ‘la salida del closet’.

Los homosexuales Se mostraron tal cual ante la sociedad, ganaron muchos espacios, construyeron mundos propios en diversas áreas y, con la potente prédica de sus derechos, se abrieron paso. Pregonaron insistentemente el fin a la intolerancia con ellos y terminaron siendo tolerados.

Hoy, los homosexuales están en todas partes y, al menos en el mundo de las comunicaciones, copan espacios importantísimos y sus exposiciones públicas a nadie llama la atención. Un apasionado beso de un panelista con su pareja varón en la ‘Alfomba Roja’ del Festival de Viña del Mar, fue largamente ovacionado por la gente.

Instituciones incondicionalmente masculinas, como las Fuerzas Armadas y Carabineros, tuvieron que abrir sus puestas a los gay y lesbianas, al igual que el señero Cuerpo de Bomberos. Nadie desmiente, como antes, que republicanas instituciones del Estado tienen un considerable contingente de ellos, como el Poder Judicial y el Ministerio de RR.EE.

Un conocido senador asistió a una fiesta de Halloween con su pareja, exhibiéndose, sin pudor ni inhibiciones.

Tras el asesinato de un joven gay, una noche en una solitaria y oscura plazoleta en las primeras cuadras de la Alameda, y con un alto componente delictual  —los agresores están presos–, se redactó una ley para garantizarles su máxima protección y otra norma se aprobó para Cautelar los derechos hereditarios de la pareja en caso de fallecimiento de uno de ellos o de ellas.

La población en general se ha tornado  tolerante y hasta comprensible hacia la comunidad gay, pero ésta presiona por más y más, y exige derechos y beneficios exclusivos, no conformes con la aceptación de que gozan y con su plena inclusión social.

El Papa Francisco, refiriéndose a su infinita obsesión por exigir cada día más, comentó públicamente que “los apoyo y pido el mayor respeto hacia sus comunidades, pero me cuesta entender su intransigente postura de pedir cada vez más privilegios”.

Así es. No conformes con su integración plena a la sociedad, ahora están en una batalla desatada por concretar en Chile el matrimonio homosexual con derecho a adopción de hijos. Para ello habría que modificar una antiquísima  ley de la República y el Código Civil, en los cuales con categórica certeza se establece que un matrimonio es reconocible sólo entre un varón y una dama, orgánicamente comprobados como tales.

Los homosexuales no son tales por elección, sino por concepción, y, por ende, el de ellos es un ‘estado excepcional’, no idéntico ni parecido al de los heterosexuales. No pueden, entonces, exigir igualdad donde por naturaleza y ciencia no la hay.

Ellos existen por ser frutos de un padre y de una madre, y la humanidad lleva existiendo millones de años gracias a la procreación del género humano, y ésta ha sido y es exclusivamente posible por la relación de un hombre y una mujer.

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