LA CACERÍA DE UN ANIMAL POLÍTICO

Por Raúl Pizarro R., VOXPRESS.CL

Para cualquier personaje público no debe existir dolor más grande y espina más punzante que el desconocimiento de sus acciones.

Muchos personajes de la historia antigua y moderna han sido víctima de la ingratitud.

No se trata de elevarlo a una condición superlativa, pero lo obrado por la izquierda en contra de Ricardo Lagos Escobar fue una odiosa persecución.

Los duros del PS, los que votaron en su contra en el Comité Central, y el Partido Comunista, fueron implacables en generar en el ambiente una sensación de que se trataba de un político conservador. Aún más, se le atribuyó a él la actual crisis del país “por haber transado con los poderes económicos”…

Lagos, más que ninguno otro, se merecía y se merece otro trato: un animal político de su envergadura terminó siendo atrapado por quienes sobrepusieron la política ideológica extremista por sobre el interés del país.

Los ataques de que fue víctima apenas anunció su postulación no fueron por su edad ni por su capacidad intelectual, sino porque la izquierda ultra consideró que no pensaba como ella.

Ni siquiera resulta necesario apelar al recurso de su decisivo rol en el retorno a la democracia ni a importantes obras de su Gobierno. Sólo basta con remitirse a su estatura de estadista: es invitado predilecto de Gobiernos, universidades y organismos varios para escuchar sus conceptos y él, como ninguno, optó desde el primer día de campaña por transmitirle al país sus conceptos, propuestas de cambios  y fórmulas de soluciones a los grandes y grave problemas que afectan a la comunidad.

Por su cuenta se encargó de elaborar, vía web, una consulta ciudadana para conocer la  percepción popular sobre una eventual nueva Constitución.

Por ‘tonelaje’ político, por sabiduría, por experiencia, por brillantez intelectual y por visión de país (y su futuro), no había ni hay punto de comparación entre Lagos y Guillier.

Pero la izquierda hoy nada quiere con algún tipo de pensamiento serio: sólo le interesa su mal probado estilo de imposición. La gran excusa para desplazarlo fue su pobre rendimiento en las encuestas, pero más temprano que tarde se conocerá cómo y quienes estuvieron detrás de la maniobra orquestada para tener incidencia en los resultados de los testeos de opinión pública.

Así como a Guillier se le infló sin merecerlo, a Lagos se le condenó sin escucharlo.

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