HABLAR ES GRATIS, PERO PELIGROSO

Por Enrique Rivera V., VOXPRESS.CL

 

Los incondicionales no importan: arriscan la nariz, arrugan el ceño y refunfuñan, pero no pasa de eso. El gran problema por hablar tonteras es que se pierde la oportunidad de ser más creíble para la gran masa de indecisos que aún no saben por quien votar el 19 de noviembre.

 

Sin excepción alguna, los pre y candidatos a Presidente que circulan no miden sus palabras y no pierden la ocasión de dar opiniones o respuestas que más hubiera valido no emitirlas.

 

En Estados Unidos se mantiene incólume una regla policial que ha regido por años, cuando se detiene a una persona: “tiene derecho a guardar silencio, porque todo lo que hable puede ser utilizado en su contra”. Tan sabia y prudente advertencia parecen ignorarla nuestros candidatos, más unos que otros.

 

A la Presidenta la hicieron hablar de más y hasta decir aberraciones en su último Mensaje al país. Pudo ser ésa su gran oportunidad de hacer un mea culpa y de contarle a los ciudadanos que no pocas veces erró y ofrecer disculpas porque los malos ratos que hoy están pasando millares de compatriotas son consecuencia de las acciones de su Gobierno.

 

Aunque con su consentimiento, es claro, su writeletter  —-el conocido personaje del segundo piso de La Moneda que le redacta  sus discursos— la hizo decir barbaridades que le restaron la opción de abuenarse con una ciudadanía que mayoritariamente la rechaza.

 

Si realmente le importase la realidad de los ciudadanos, habría puesto especial énfasis en las grandes preocupaciones de ésta y que, en este orden, reveló la encuesta CEP: temor a la delincuencia, falta de salud, educación de mala calidad, cero combate a la corrupción, sueldos de hambre e inseguridad en los empleos.

En su Mensaje, la Presidenta puso énfasis en sus aparentes éxitos  —la gratuidad en la educación, pero sin calidad— y se justificó por el no cumplimiento en la construcción de nuevos hospitales públicos prometidos en su campaña.

 

Del resto, nada.

 

Prefirió anunciar más proyectos de leyes  para alegría de sectores puntualmente genéricos y progresistas y, como guinda de la torta, llamó a continuar su obra y consolidar su gran objetivo de sustituir el modelo neoliberal por uno socialista. Muy suelta de cuerpo aseveró que “de aquél ya sólo quedan vestigios”…

 

El hecho de que el país siga pegado en cifras casi recesivas, sumido en la delincuencia, con una corrupción descontrolada, con sueldos bajísimos y con la cesantía en aumento, es consecuencia de sus fallidos intentos por imponer el modelo socialista. En su Mensaje no tuvo el coraje de anunciar que gracias a su Gobierno, el país tendrá al menos cuatro años de escaso crecimiento y un pobre desarrollo por la precariedad en que ella dejará la caja fiscal.

 

La Presidenta le habló al país acerca de una realidad imaginaria y ello explica que un 75% de la población no se haya interesado en escuchar la lectura de su Mensaje.

 

Sus palabras más que ayudar a su Nueva Mayoría y sus candidatos, los perjudican: nadie puede sentirse cómodo ni menos a gusto cuando debe decir que representa a dicha coalición y, peor aún, que es la continuidad de este Gobierno-

 

Pero no sólo Bachelet habló de lo que no tenía que hablar. Han caído en el mismo vicio varios de los candidatos que, a diario, emiten opiniones que más que tales, son simplemente metidas de patas.

 

Después de la insólita afirmación de Bachelet de que “hoy, Chile es mejor que hace cuatro años”, la expresión que originó mayor conmoción fue la emitida por el precandidato independiente Manuel José Ossandón. “¿De qué acuerdo estamos hablando?” se preguntó cuando le consultaron por el anunciado retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, firmado por decenas de países, entre ellos Chile, y a cuya aprobación concurrió él mismo con su voto en el Senado.

 

Para atenuar tamaña ignorancia, Ossandón afirmó, luego, estar arrepentido de prestarse para participar en la primaria interna de Chile Vamos y remató sus juicios, anunciando  que no reconocerá un eventual triunfo de Piñera y que, llegado el momento de votar, no lo hará por el ex Presidente, sino anulará su sufragio.

 

El blanco de los ataques del ex alcalde puentealtino, Sebastián Piñera, volvió a los tiempos de sus ‘piñeracosas’, al irrumpir con un tremendo golpe noticioso con motivo del hallazgo de micrófonos en las oficinas de SOFOFA: “habrá un vuelco en este caso, porque no se trata de espionaje industrial, sino de un lío de faldas…”.

 

Como era esperable, los fiscales lo instaron a dar antecedentes de tan valiosa información privilegiada.

 

Beatriz Sánchez, precandidata del Frente Amplio, invitada a revelar qué haría con Bolivia en el caso de ser Presidenta, ocultó intencionalmente la conocida posición de la extrema izquierda  —darle salida soberana al mar–, escudándose en que “no puedo opinar mientras el tema esté en un Tribunal Internacional”.

 

Nadie se animó a recordarle que ‘el tema’ que está radicado en la CIJ de La Haya es la solicitud de Bolivia de obligar a Chile a dialogar, y nada más. Su evasión fue más que reveladora de cuál es su real pensamiento sobre la materia.

 

Alejandro Guillier, el candidato izquierdista de la Nueva Mayoría, es hasta el momento el campeón de las declaraciones contradictorias: un día dice algo y al siguiente cambia de opinión. Al comienzo de la campaña fustigó a Lagos, instándolo a bajarse, para después rendirle un homenaje e integrar a su comando a un ‘laguista’ que no votó para que él fuera el candidato PS, Carlos Montes, y en un diario español denunció que “si gana Piñera será por culpa de los errores del Gobierno”, para, ahora, apresurarse en alabar las palabras presidenciales en el Mensaje del 1 de junio. Coronó sus incoherencias con su declaración de que “nadie puede intervenir en las decisiones de otro partido”, tras solicitar que “hay que darle una salida digna a Goic para que baje su candidatura”.

 

El llanero solitario de la política chilena y todo un Moisés salvado de las aguas contaminantes de SQM y OAS, Marco Enríquez, atacó con fiereza: “el Gobierno y la Nueva Mayoría son un fracaso porque traicionaron a la gente”. Hoy, ya inscrito como incansable candidato, los convoca: “para ser Presidente los necesito a todos, al PS, al PPD, a la DC…A todos los progresistas los quiero a mi lado”.

 

A medida que toman cuerpo y calor las elecciones se fortalece aquel antiguo proverbio que se lo aconsejaron a uno desde niño: en boca cerrada no entran moscas…

 

 

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