EL GOBIERNO “DEL OTRO”

Por Enrique Rivera V., VOXPRESS.CL

A estas alturas del segundo gobierno socialista de Michelle Bachelet, nada puede extrañar. Desde la génesis de la Nueva Mayoría (NM) hasta estos días, los desencuentros y desacuerdos han sido la tónica de esta administración, y  no se crea sólo entre la DC y el PC, polos irreconciliables, sino también entre los socios afines a la sensibilidad de la propia Presidenta.

Se acentúa la afirmación de que “nada puede extrañar”, porque las grietas al interior de un grupo  suelen no aparecer en el comienzo y, por el desgaste del movimiento, van creciendo progresivamente. Pero este Gobierno ha tenido un sello de anormal desde principio a fin, y fruto de ello son las consecuencias que está pagando el país.

Debe ser el de éste, uno de los escasos ejemplos en que el mismo Gobierno tiene dos candidatos presidenciales que representan conceptos e ideas diferentes y que se atacan con dureza mutuamente. Con un escenario divisorio de tal magnitud, el que la coalición haya convivido todo el período en medio de tensiones y antagonismos puede, entonces, considerarse algo normal.

Pero no deja de ser llamativo, eso sí, que los dirigentes de la NM —ahora, mucho más que antes— hagan referencia “al” Gobierno, como si no fuese el suyo. Es cuestión de poner atención para probar que ningún integrante del conglomerado oficialista, esto es, de la alianza gobernante, se refiere a “mi” Gobierno o menos a “nuestro” Gobierno.

Fueron los partidos de la NM, y con mayor énfasis, m en este orden, el PC, el PS y el PPD, los que le confeccionaron a medida el programa a Bachelet, de tal modo que sus huellas están impresas en su accionar durante todo el período,  y hasta el final, de la Mandataria.

Un ejemplo muy fresco de este inexplicable pero explicable concepto del “Gobierno del otro” es  lo que está pasando con la ley que permite elegir por voto popular a los Intendentes Regionales. El PS, el PPD y el PR presionan para que se aplace su discusión, en tanto el Ejecutivo expresó su interés en no modificar su agenda legislativa, lo que es apoyado por la DC y el PC.

Fruto de las discusiones internas originadas por la fecha de entrada en vigencia de la ley, la vocera de Gobierno, Paula Narváez,  aclaró que “éste no es un problema nuestro, sino de los partidos que tienen que ponerse de acuerdo en el Congreso Nacional”, mientras el presidente del PC, Guillermo Teillier, reclamó que “es la Moneda la que tiene que alinear a los partidos oficialistas”.

En el caso puntual del quiebre surgido por esta ley, las visiones contrapuestas se deben no a desavenencias por el contenido de la nueva norma  —-que, igual, las hay–, sino ellas son por motivos políticos y de cálculos electorales, que inducen a la convicción del PPD, PS y PR que con dos candidaturas presidenciales, el número de Intendentes que ahora elegirá la coalición será muy menor a (ver crónica aparte).

Pero la cotidiana referencia “al” Gobierno y no al  “nuestro” tiene razones mucho más prácticas que los distintos puntos de vista por un proyecto, como el del aborto, que, por ello mismo, continúa en el aire.

El gran motivo para eludir la identidad con el Gobierno es de tipo electoral. Gran parte de la NM, por no decir toda, se siente mal e incómoda de formar parte de una conducción fracasada y con un categórico rechazo de la ciudadanía. Pero lo llamativo es que quienes le impusieron el programa a la Presidenta y los mismos que partieron aprobando con aplanadora las destructivas ‘reformas estructurales’ sin siquiera leerlas y menos estudiarlas, ahora le endilgan a una solitaria y distante Mandataria toda la responsabilidad del desastre.

Esconden mal intencionadamente  que fueron quienes presionaron a Bachelet para que viajara desde el exterior a dirigirlos porque era la única, sí, la única, alternativa para recuperar el poder, el mismo que por su culpa  —-porque es compartida—  hoy se están farreando.

Hablar “del” Gobierno como si fuese de otro es un acto de deslealtad, ya ampliamente conocida y comprobada en la NM desde que ésta asumió, pero también es un gesto de cobardía política.

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