EL GLOBO NO SE ELEVA

Por Raúl Pizarro R., VOXPRESS.CL

Ve con calma que estás de prisa’ dice un antiguo proverbio que recomienda la prudencia cuando de por medio existe mucha premura, porque ante ésta suelen surgir contratiempos y, a veces, problemas que no estaban en los cálculos.

Si se observa el escenario actual de los candidatos presidenciales –que siguen subiendo como espuma con las inscripciones de Marco Enríquez (PRO) y de Alejandro Navarro (PAIS)–, salta a la vista que el aspirante que  enfrenta un panorama más complejo es aquél por el cual hubo mayor urgencia por proclamarlo e incluso,  diríamos, hasta irresponsabilidad por proclamarlo.

Éste es Alejandro Guillier Álvarez, un capricho nacido en el PC para obstaculizar a Ricardo Lagos, y apoyado por cuatro de los cinco partidos de la NM, precisamente en desmedro del ex Presidente.

Guillier no es un candidato natural del sector: si bien es un izquierdista duro desde sus tiempos de estudiante de sociología, no ha militado en partido alguno y, por tanto, desconoce la mecánica y dinamismo de la vida partidaria que se mueve por intereses que no son los suyos.

Si bien se ha rozado siempre con los políticos tradicionales y ha madurado en dicho ámbito al aleroo de amigos suyos todos antiguos militantes y macucos miembros del PS, su macrovisión de los problemas del país no es coincidente con la microvisión de los partidos, excepto la idéntica ideología y su condición de masón que lo vincula al PR.

Hace año y medio, nadie en la NM pensaba en su nombre como eventual sucesor de Bachelet en el poder. Se le consideraba un fiel aliado,  atento a votar todos los proyectos de ley en sintonía con el oficialismo, pero nada más que eso. Desde que la Presidenta colapso tempranamente por el numerito de su nuera e hijo, fueron otros los que irrumpieron como eventuales sucesores e incluso a mitad de período en un comentado golpe blanco.

Hasta mediados de 2016, la baraja de posibles candidatos de la entonces centroizquierda no salían de entre Lagos, Insulza, Allende, Girardi y Walker. De Guillier nunca se escuchó.

Sólo surgió poco después del esperado anuncio de Lagos, quien despejó el misterio de su postulación. Durante meses, el ex Presidente mantuvo el suspenso de una candidatura considerada lógica tras el rotundo fracaso de la retroexcavadora de la NM: considerado un social demócrata, izquierdista moderado respetuoso de la propiedad privada y de la libertad de mercado, parecía un obvio sucesor.

Ello, en su momento, fue timbrado por el ministro del Interior: “en La Moneda se asegura que la pugna final será entre Lagos y Pïñera; lo demás es fantasía”.

No obstante, su irrupción cercenó los sueños presidencialistas de la personalista líder del PS, Isabel Allende, y causó la inmediata movilización del PC, el que lo declaró su enemigo por su “conservadurismo”.

Éste fue el comienzo de los problemas para la izquierda en general y para la NM en particular.

Vino la urgencia por cortarle el camino a Lagos y los sectores más jóvenes del PC, con el argumento de ser una ‘cara nueva’ y con la falacia de que representaba a “una política diferente”,  inventaron la candidatura de Guillier. Con su consabida organización y disciplina, el comunismo  lo ‘infló’ en las encuestas, imponiendo en el ambiente la distorsionada  creencia de que era popular y de gran atractivo para la gente.

Esta ficticia imagen que se creó en torno suyo ‘hizo picar’ al PR  —sin m{as vínculos con él que la masonería—, que se apresuró en proclamarlo oficialmente y, de hecho, fue el primero de todos los aspirantes a La Moneda. Pero dicha oficialización no le significó un avance en las encuestas.

Ya estancado en los ‘intervenidos’ sondeos de opinión, el PS, acicateado por Allende y Álvaro Elizalde, también picó, y mareado por esas expectativas no reales, optó por él, entre cuatro paredes, bajándole el dedo a Lagos. Éste era el único que tenía hacía tiempo un completo programa de gobierno, el mismo que, ahora, se lo piden, o se lo usurpan, otros candidatos, entre ellos Guillier..

Consumado el aniquilamiento a Lagos, el PC consideró innecesario seguir inflando el globo de Guillier y éste frenó su garantizada carrera al éxito electoral, convirtiendo  el entusiasmo inicial en incertidumbre, dudas y temores de que la izquierda se vuelque masivamente a favor de la aspirante del Frente Amplio.

Pese a que es oficialmente candidato desde el 2016, transcurrido medio año, Guillier prácticamente no ha hecho campaña, y ello porque carece de coordinación y organización tras suyo, partiendo por un comando de cartón que es más decorativo que operativo. En las últimas semanas se ha dedicado a intentar resolver las diferencias, profundas y superficiales, con los partidos que dicen apoyarlo, pero que, sospechosamente, no piensan igual ni lo mismo que su candidato.

Su situación es incómoda, poco confortable y hasta compleja, dado fundamentalmente el nuevo escenario al interior del PS, donde la cúpula que se la jugó por él parece haber quedado sola.

Llegado el momento, pese a sus resquemores con el Frente Amplio, el comunismo nunca ha quitado sus fichas del pleno de las reformas extremistas, una postura que no coincide con la de Guillier quien afirma que “en los cambios hay que ir despacio, con calma”. Y al interior del PPD es demasiado evidente que, aunque con arcadas, sólo el girardismo está dispuesto a votar por él, el resto guarda reserva.

Aquél globo inflado artificialmente por el PC no por convencimiento sino por venganza en contra de Lagos no tiene a nadie que lo surta de oxígeno. Por eso dejó de elevarse.

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