EL EXTREMISMO Y LA IMPACIENCIA

 

Por Justo Pastor Suárez, VOXPRESS.CL

“Yo creo en una democracia muy distinta a esta, no siento que vivamos en una democracia plena. La Nueva Mayoría se instaló sobre un modelo y creo que el modelo hay que cambiarlo porque no da el ancho hoy día”.

En estas pocas líneas, Beatriz Sánchez define el objetivo de un eventual Gobierno encabezado por ella, hoy precandidata del Frente Amplio y, se asegura, que será ‘la’ candidata tras la primaria del 2 de julio frente al sociólogo Alberto Mayol.

En los numerosos programas de difusión en que ambos han participado se reflejan con nitidez las diferencias entre uno y otro: ella, aún con el sello del MIR impregnado en su ser, panfletaria y más radical; él, más pensante y analítico con la  impronta de una lecturas de muchos libros.

Éste va a ser, a no dudarlo, el sello distintivo que dirimirá el futuro de ambos en sus aspiraciones de llegar al 19 de noviembre: por las características del componente humano del Frente, los sufragantes se inclinarán por ella. No son partidarios de los que, aunque también rebeldes, reflexionan.

La precandidata se altera cuando escucha que incluso desde la izquierda definen a sus muchachos del Frente como “un grupo de universitarios locos”.

Sánchez, ‘Bea’ para sus cercanos, encarna el discursillo barato del cambio estructural y profundo que conllevan poner fin al modelo de la actual institucionalidad. Como lo confiesa, no estar conforme con la democracia en que vive y proyecta reemplazarla “por otra más justa”.

Como justifica que en Venezuela no hay dictadura sino apenas “una crisis de su democracia”, su proyecto calza con el chavismo trasnochado y fracasado, y hoy condenado por casi todo el mundo.

Sus seguidores son los mismos que se decepcionaron de la Nueva Mayoría y de la Presidenta Bachelet porque no pudo hacer las reformas con la profundidad que ellos exigían: terminar con todo vestigio de la propiedad privada. Por algo, Sánchez aclara ser “muy diferente a Michelle” y cada vez que puede reitera que la Nueva Mayoría se acobardó y, por ello, nunca dio los votos para “hacer  transformaciones a fondo”. Por estrategia no lo dice, pero era una fiel admiradora y partidaria de la retroexcavadora.

“No era ésta la reforma educacional que nos prometieron y que queríamos” dice ahora, anunciando que de llegar a La Moneda “hará una de verdad”.

La fuente de financiamiento para sus propias reformas y su democracia justa, será a través del aumento de los impuestos a las empresas (“hasta un 40%), complementado con una política de ‘nacionalizaciones’ de capitales foráneos que “lucran en Chile”.

El Frente Amplio y la Nueva Mayoría tienen vasos comunicantes en cuanto a la extensión y mayor profundidad de reformas “en otros sectores aun no tocados” y, por lo mismo, existe un vínculo natural de intenciones que se harán realidad en la segunda vuelta.

Confiarse en anuncios tan utópicos como los de Gabriel Boric en cuanto a que “si el candidato que pase a segunda vuelta es Guillier, yo anularé mi voto”, es una ingenuidad.

Tanto Sánchez como Guillier saben que no tienen alternativas: la izquierda les urge a ir más rápido y más profundo. Pero, de ser así, cualquiera de los dos que llegue a La Moneda tendrá su primer conflicto gracias a la impaciencia de sus seguidores-

Por años, la ciudadanía ha comprobado en terreno, y con molestia y desagrado, que precisamente de lo que más carecen estos “muchachos idealistas” es de paciencia. Presionan con violencia para que sus demandas no sólo sean escuchadas sino tomadas en cuenta en el acto, o en caso contrario intensifican sus acciones de protestas.

Ambos, y muy especialmente esta antigua aspirante a guerrillera mirista, están conscientes de que Bachelet se instaló en La Moneda con el mismo propósito y, mejor aún, con un Congreso a su entera disposición. Pero, la falta de recursos económicos y el rechazo de la propia ciudadanía que resintió de inmediato los primeros efectos de las nacientes reformas, truncaron rápido el objetivo.

A Allende lo echó la ciudadanía, a Bachelet la frenó la población. Son realidades que estos revolucionarios no pueden ignorar,

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