DEFENDER LO INDEFENDIBLE

Por Justo Pastor Suárez,  VOXPRESS.CL

Grotesco y de mala clase resultó el último intento del Partido Comunista y la ultra izquierda por salvar, a como diese lugar, la subsistencia de la (ex) Universidad ARCIS.

No existiendo argumento ni motivo realmente concreto para mantener vivo a un cadáver con muchos meses de descomposición, el MINEDUC y su titular Adriana Delpiano cedieron ante presiones de la ultra izquierda y de sectores del propio PC, al punto de desconocer un fallo de un tribunal de Justicia.

Fue un juzgado de garantía el que sentenció la no viabilidad de la (ex) Universidad ARCIS por su insolvencia económica y una larga y millonaria deuda de arrastre con sus profesores y funcionarios. Casi sin alumnos y sin carreras, dicho establecimiento pensado como “cocina” para preparar a profesionales e intelectuales de izquierda, sucumbió   —de hecho tiempo atrás–  cuando dirigentes del PC hicieron retiro de fondos por considerar “no rentable” el negocio.

Desde que dejó de recibir ayuda externa  —fue bendecida con un millonario aporte por Hugo Chávez–, la ARCIS entró en colapso y sobrevivió por las férreas convicciones políticas de docentes y alumnos y por constituir uno de los más céntricos brazos armados del comunismo para cuanta protesta callejera se organizase.

Tras decretado su fin por la Justicia, sus escasos alumnos, más combatientes políticos que estudiantes, atacaron sin piedad a Delpiano, responsabilizándola de lapidar su derecho a educarse.

Bastó un llamado telefónico para que la ministra, una vez más y sin ninguna garantía, volviese a dar un nuevo plazo. Ni vendiendo sus inmuebles donde funcionaba, ARCIS saldría de su crisis terminal, sentenciada mucho antes, cuando el MINEDUC tuvo que designar a un rector delegado.

Fue éste, otro de los ejercicios políticos con que el PC está continuamente poniendo a prueba la resistencia de la Nueva Mayoría. Su presidente Guillermo Teillier aclaró que “el partido nada tiene que ver con la universidad”, no obstante sus retazos de alumnos, en defensa de la continuidad del establecimiento, se identificaron como militantes.

Sus inspiradores, claramente de una izquierda dura, conoccían las reglas del juego del sistema de universidades privadas cuando accedieron a él. Varios proyectos han sucumbido ya y el panorama actual, tras la gratuidad universal, tiene a varias otras en la puerta de la UTI. Pero hasta hoy, y está por verse en el futro, no se ha conocido de un intento tan burdo de protección y salvataje a un establecimiento inviable sólo por ser de izquierda.

Comments

comments