CONSTITUCIÓN: ¿CAMBIAR QUÉ?

Por Benjamín Hermosilla, VOXPRESS.CL

En su obsesión por sumar iniciativas  para incrementa su ‘obra’ y pasar a la historia  –así lo cree ella— como la autoridad más transformadora de los tiempos modernos, la Presidenta firmó un proyecto que establece los mecanismos de cambios para una nueva Constitución.

La iniciativa no es una propuesta de cambio a la Constitución sino las alternativas que ella considera las más adecuadas para que se pueda modificar.

La suya es una treta para vincularse a cualquier intento futuro de cambio de la Constitución y quedar ella, así, como una de las artífices. Dentro de su programa de Gobierno figura la elaboración de una nueva Carta Fundamental prometida a los movimientos sociales ultra, acorde al sentir de ellos.

La iniciativa tiene como objetivo habilitar al próximo Congreso, que será elegido en noviembre de este año, para definir el mecanismo de cambio constitucional.

Los parlamentarios tendrán las siguientes alternativas: una comisión bicameral, una convención constituyente mixta de ellos y ciudadanos, una Asamblea Constituyente, y la opción de convocar a un plebiscito para que sea la ciudadanía la que decida entre las alternativas anteriores.

Hace poco, muy poco, finalizó el cacareado ‘proceso constituyente’, un remedo de su prometida Asamblea Constituyente, al estilo venezolano, para que todos los chilenos se pronunciasen sobre qué tipo de Constitución querían y cuáles les parecían sus contenidos.

El desinterés general llevó al fracaso a dicho ‘proceso constituyente”, y como los cabildos, encuentros y asambleas fueron manejados e intervenidos por la izquierda, el desenlace de la consulta fue el esperado por el Gobierno: cambios lo más próximo al ideario socialista.

Sin embargo, el bajísimo número de participación, la ignorancia generalizada por un lado y el desinterés por otro, desvirtuaron el objetivo de enviar al Congreso un proyecto ya con ideas y con propuestas.

A la postre, y como prueba fidedigna del fracaso de la promesa presidencial, la Presidenta terminó firmando este proyecto que modifica el punto específico de la Constitución respecto a las alternativas de mecanismos para cambiarla. O sea, nada sustancial ni significativo.

Insiste La Moneda en la alternativa populista de la Asamblea Constituyente como mecanismos para que ‘el pueblo’ se pronuncie. Nada bueno para el país puede surgir de dicha idea,  dada la ignorancia generalizada sobre educación cívica: la gente no sabe qué es una Constitución y desconoce sus preceptos; mal entonces, la masa  podrá pronunciarse respecto a los contenidos de una nueva.

Si el Gobierno estaba en blanco en esta  materia y eran exiguos  los datos recogidos en el paupérrimo ‘proceso constituyente’, tuvo la opción, al menos, de plantear un borrador con las ideas del trabajo minucioso que, con ayuda de una plataforma virtual, efectuó el año pasado Ricardo Lagos y cuya conclusión lo plasmó en un libro que se lo obsequió personalmente a Bachelet: tiene casi 100 propuestas novedosas.

Pero optó por el camino lateral: el de las formas y no el del fondo. Igual le servirá para pellizcar algún tipo de protagonismo en cualquiera iniciativa futura y, además, le permitirá estadísticamente sumar otro puntito a su descomunal ‘obra…

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