CIRUGÍA SIN ANESTESIA DEL PC

Por VOXPORESS.CL

Ni de inesperada ni de imprevista se puede calificar el acuerdo del Comité Central del Partido Socialista (PS) de proclamar al ‘independiente’ Alejandro Guillier como el precandidato presidencial del partido.

Esta decisión, asumida por 67 militantes,  derivó en que sólo horas más tarde, Ricardo Lagos bajase su postulación.

El Comité Central  –o parte de él— se limitó a consumar una organizada estrategia para  sepultar las aspiraciones de Lagos y fortalecer una corriente de perfil más duro de la izquierda.

Parte del PS considera a Lagos más socialdemócrata que socialista puro.

Alejandro Guillier, aunque sin contenido político de contundencia, representa a una sensibilidad extrema y antisistémica, y de ahí que su candidatura fuese ‘inventada’ por un sector del PC. Éste, además, notificó a los socialistas antes de su Comité Central de que “será muy difícil” que los comunistas voten por Lagos.

Con la determinación de esos 67 militantes, el PS selló la garantía de que contará con los votos del PC más los de la izquierda dispersa que tienen a Guillier segundo en las encuestas, estadística que privilegió para inclinarse por él senador.

Los ´guillieristas’ del PS ‘cocinaron’ con mucha anticipación este desenlace,  amparados en que el senador los acercaba al poder, al revés de Lagos, que los alejaba. Sabido es que mantenerse en el poder es sinónimo de continuar distribuyéndose los cargos públicos.

La máxima instancia partidista había tomado el 2016 un acuerdo de realizar una ‘consulta popular’ entre todos los interesados en ser ungidos por el partido como su representante a la, hasta ahora, primaria de la Nueva Mayoría anunciada para julio.

En dicha ‘consulta popular’ podrían participar con sus votos los militantes de la colectividad y cualquier tipo de simpatizante con ideas socialistas.

La primitiva decisión del Comité Central se adoptó en el fragor del clamor popular de que los candidatos fuesen electos por la gente y no entre cuatro paredes.

Un ejercicio tan democrático como ése terminó siendo estropeado, primero, por los fuertes desencuentros al interior del partido en cuanto a su opción presidencial; segundo, la imposibilidad de un acuerdo respecto a los participantes en dicha consulta, tercero, los riesgos de que una instancia de ese tipo distorsionara el objetivo y, cuarto, la influencia de las encuestas.

Desde antes de que entregase la presidencia partidista a Álvaro Elizalde, Isabel Allende Bussi, ’guillierista’,  fue partidaria de que por su adhesión popular, el senador era la única opción válida.

Ella, Elizalde y el grupo anti-Lagos decretaron la caída del ex Presidente  cuando anunciaron que “así como el Comité Central fue el que adoptó el acuerdo de la ‘consulta popular’, es el único que puede revocarlo”.

Y lo revocó, y con ello determinó la bajada automática de dos militantes que esperaban la ‘consulta’, José Miguel Insulza y Fernando Atria, Así, la elección entre cuatro paredes quedó reducida a Guillier y Lagos.

El destino de la votación, y del candidato definitivo, se selló cuando el Comité Central optó por una votación secreta en vez de una a mano alzada con justificación del sufragio. La ‘cocina guilllierista’  decidió que el candidato se elegiría secretamente, en una maniobra destinada a que no se revelase quienes traicionaron la doctrina partidista.

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