AQUÍ ESTÁ EL PASADO

 

 

 

Por Imelda Rabbia, licenciada

en Comunicación Audiovisual.

 

En la implacable competencia por apropiarse del liderazgo en cuanto a programas de índole político, CHV puso en pantalla Aquí está Chile, una iniciativa que intenta superar la oferta de los otros canales, y del propio, en esta materia.

 

La creciente presencia de espacios políticos era esperable y hasta anunciada en vista de la dinámica actividad electoral que se está viviendo en el país, y éstos, mientras más atractivos o diferenciadores, lograrán el rating salvador en tiempos de aflicciones económicas para todo el ámbito de la TV.

 

Reducciones de personal, nacionalización en costos de producción, eliminación de gerencias y jefaturas y alianzas programáticas intercanales para esquivar la tormenta, son algunas de las medidas más en boga.

 

CHV y CNN ya llevan varias iniciativas en conjunto. Hace semanas revivieron un renovado  Tolerancia Cero con personal combinado de ambas estaciones, experiencia que volvieron a repetir con Aquí está Chile.

 

Con gran alarde de promoción se ‘vendió’ este programa, poniendo énfasis en que sería el único genuino representante de la voz ciudadana, al tener en el estudio público y voceros de los grandes problemas socio/políticos que se les plantean al invitado.

 

El resultado de Aquí está Chile no fue muy diferente al resto de los espacios políticos, porque como ha sido ayer y hoy, el personaje invitado elude responder las preguntas, las da vueltas o les da una interpretación acorde a sus intereses y no a los objetivos perseguidos por el interrogador.

 

Con un presentador muy básico, encargado de ir revisando las reacciones en las redes sociales, el invitado está de pie y con micrófono en el centro del estudio, con facilidad para desplazarse. El resto de los protagonistas  es básicamente el mismo de Tolerancia Cero con algunos refuerzos. Por CNN concurren Mónica Rincón, Daniel Matamala y Matilde Burgos, en tanto por CHV lo hacen Macarena Pizarro, Iván Núñez y Fernando Paulsen.

 

A cada uno se le asigna un tema, respecto del cual se hace una pequeña introducción acompañada de imágenes, y abre los fuegos un ciudadano invitado víctima directo del conflicto en discusión.

Los interrogadores hacen infructuosos esfuerzos por descomponer al entrevistado con preguntas que le incomodan o que, en su mayoría, son contrarias a su reconocida tendencia política e ideológica. El desenlace es lo más parecido a las interpelaciones en la Cámara de Diputados: las respuestas nada tienen que ver con las preguntas.

 

La intención de incorporar la voz ciudadana es buena y más aún si el vocero del tema es parte de él.  Pero tal novedad se estrella contra el formato, algo muy  añejo y de los tiempos de la TV en blanco y negro.

 

Se insta a aplaudir al público al final de cada pregunta y de cada respuesta. Es una mecánica elemental, desechada hace tiempo, porque en este tipo de programas, la reacción de los asistentes espontáneos y acorde a su satisfacción o insatisfacción  con las respuestas.

Si aplaudir tras cada pregunta ya resulta inoficioso y hasta ridículo, hacerlo obligatoriamente tras  cada respuesta al tema, es un anacronismo. Empeora la situación con el punto final que pone cada entrevistador al término de la intervención del invitado: “gracias, señor X”. Eso es simplemente de una TV muy atrasada y de nula imaginación y no corresponde a los tiempos actuales.

 

Con propiedad podría decirse que Aquí está Chile es reemplazable por el de Aquí está el pasado…  

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